Nuestro paso por Santa Cruz (Ushuaia- La Quiaca)

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Santa Cruz era nuestro primer gran reto, entramos despacito y como pidiendo permiso. Desde que comenzamos a planificar el viaje mirábamos en el mapa esa gran extensión de tierra tan poco poblada, todas esas enormes distancias de estepa y viento, y entendíamos que iba a ser una de las provincias mas duras por recorrer. Pero lo que nunca hubiéramos imaginado, era todo lo que ella tenia para contarnos.

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Para nuestra sorpresa nos recibió a toda pompa, con delfines, pinguinos, faros y días de sol.

Cabo Vírgenes nos dejo deslumbrados, la naturaleza se nos mostraba poderosa, nos cacheteaba para recordarnos donde esta lo importante, y nosotros la dejábamos hacer, desfigurar nuestros rostros entre sonrisas y ojos húmedos, intentando contener el aire para no gastarlo, volviéndonos viento, olas, arena tibia, vacíos de todo y mas completos que nunca. Nos hablaba de otra vida, otros tiempos, la escuchábamos en silencio, entendiendo que aun quedaba mucho por aprender.

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Algo comenzaba a cambiar, el entorno dejaba de sernos ajeno y de a poco nos volvíamos parte de el. Ya no mediamos el camino en kilómetros, sino en ríos, cerros, ranchos, arboles o puentes.

Pedaleábamos durante días en la inmensidad de la estepa, acompañados de guanacos, choiques, zorros, liebres, piches, potros salvajes, aves, ovejas y hasta orugas, que nos miraban pasar atentos, curiosos y desconfiados, mientras nosotros realizábamos ridículos intentos por hablarles, entre gritos de los mas variados y graciosos.

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Y así continuábamos camino, hasta que algún nuevo y único atardecer nos avisaba que ya era hora de buscar un refugio donde pasar la noche.

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Las enormes distancias nos enseñaban sobre hospitalidad y puertas abiertas. La enorme preocupación por comida, agua, o un lugar donde dormir desaparecía, porque sus habitantes eran aun mas grandes e inmensos que sus distancias y así como el paisaje y la naturaleza, ellos también nos hablaban sobre lo puro, lo simple y autentico, con sabor a guiso, mate, asado, charlas y risas, creando un lazo inquebrantable, equilibrando el mundo, renovando las esperanzas.

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